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Coronavirus: claves de redacción

¿Hay alguien que aún no sepa qué es el coronavirus o la COVID-19? Lamentablemente, dudo que a día de hoy quede alguien en algún rincón del planeta que no haya oído hablar de esta pandemia que afecta ya a más de dos millones de personas en el mundo. Esta situación de auténtica locura que estamos viviendo, además de las correspondientes consecuencias económicas y sanitarias, no nos ocupan, supone el uso generalizado por la mayor parte de la población de un léxico relacionado de alguna manera con la situación y que hasta ahora era desconocido o poco usado. A continuación, vamos a hacer a un repaso del significado y las claves de redacción para el adecuado uso de algunos de estos términos o expresiones, que actualmente están en boca de todo el mundo.

Anticoronavirus, pero anti-COVID

Según la Ortografía de la lengua española, como norma general los prefijos deben escribirse unidos a la palabra a la que afectan, sin guion (anticoronarivus). Sin embargo, cuando el prefijo va seguido de una sigla, se escribe con guion (anti-COVID-19). Igualmente, para el uso correcto de un término u otro, se debe tener en cuenta la explicación relativa al nombre de la enfermedad.

 

Cuarentena

Según la definición del Diccionario de la lengua española, consiste en un ‘aislamiento preventivo al que se somete durante un período de tiempo, por razones sanitarias, a personas o animales’, por lo que no implica necesariamente un periodo de 40 días.

 

Cuarentenear, cuarenteneando

Se trata de un verbo válido para referirse a ‘llevar a cabo una cuarentena en un sitio o poner a alguien en cuarentena”. El gerundio sería cuarenteneando y se conjuga como el verbo amar. Aunque no es necesario destacar estas palabras entre comillas, se puede hacer para resaltar la novedad de las mismas.

 

Desconfinar

Este verbo no aparece en el Diccionario de la lengua española, ya que los diccionarios no pueden recoger todas las voces creadas por derivación o composición, sin embargo, es perfectamente válido, al igual el sustantivo desconfinamiento.

Está creado a partir del verbo confinar junto con el prefijo des-, que se emplea, entre otras cosas, para expresar una acción contraria y vuelva a un estado anterior. En este caso, desconfinar supone un regreso a la situación anterior al confinamiento.

 

Desinfectar, no sanitizar

Es frecuente encontrar en los medios de comunicación el verbo sanitizar, referido a la acción de ‘eliminar todos o casi todos los microbios patógenos, con excepción de las esporas bacterianas, de la superficie de un objeto o de un ser vivo mediante la aplicación de medios químicos o físicos’. Se trata de un calco del verbo ingles sanitize, cuya traducción según el diccionario de Oxford es ‘limpiar’, ‘higienizar’ o ‘desinfectar’. Sin embargo, lo más apropiado sería utilizar los términos españoles desinfectar y desinfección.

 

Distanciamiento social y distanciamiento físico

Las expresión distanciamiento social se refiere al grado de aislamiento de una persona o un colectivo en una sociedad, mientras que distanciamiento físico indica la mayor o menor lejanía entre las personas, que puede medirse en metros.

Aunque ambas expresiones son válidas y a menudo pueden estar relacionadas o, dependiendo del contexto, ser intercambiables, no son sinónimas. Por ejemplo, una persona muy activa únicamente en redes sociales está experimentando un distanciamiento físico, pero no social. Conviene separarlas y usar cada una en su contexto específico, por lo que es recomendable optar por distanciamiento físico en los casos en los que claramente nos referimos a la distancia física que se recomienda mantener entre las personas en los trabajos, vías públicas, medios de transporte o establecimientos comerciales.

 


El EPI, los EPI

Son las siglas utilizadas para referirse a un ‘equipo de protección individual’. Aunque en la lengua oral, es frecuente pluralizar las siglas añadiéndole una s al final, no se considera oportuno marcarlo gráficamente, por lo que lo adecuado es hablar de los EPI. Si pusiéramos una s en mayúscula al final, parecería que forma parte de la sigla (EPIS) y si lo hiciéramos en minúscula, recurriríamos a un uso anglosajón, no contemplado en la ortografía española (EPIs).

Puede ser que con el tiempo estas siglas se conviertan en palabras en sí, como ovni, pyme, geo. En este caso, se trataría como el resto de nombres comunes y su escritura adecuada sería el erte y los ertes.

 

Epidemia y pandemia

Existe una ligera diferencia entre ambos sustantivos. Mientras que epidemia es una ‘enfermedad que ataca a un gran número de personas o de animales en un mismo lugar y durante un mismo período de tiempo’, una pandemia es ‘una epidemia de una enfermedad transmisible que afecta a un amplio número de individuos y se extiende por diversos países en distintos continentes’. En este sentido, la OMS es aún más restrictiva, seguramente para evitar términos que contribuyan a extender el miedo, y solo considera pandemia cuando la enfermedad se ha extendido a nivel mundial.

 

El ERTE, los ERTE

Como ya sabemos, los ‘expedientes de regulación temporal de empleo’ forman parte de las medidas aprobadas por el Gobierno para tratar de minimizar el impacto de la crisis provocada por la COVID-19. Las reglas ortográficas que se aplican aquí son igual que las ya explicadas para los EPI.

 

Estado de alarma

El Diccionario de la lengua española define esta expresión como el ‘estado que se declara para otorgar poderes especiales al Estado e implica una limitación temporal de ciertos derechos cuando se produce una situación de graves consecuencias en la vida pública, como catástrofes, calamidades, epidemias, etc.’. Cuando la palabra estado se refiere a una forma de organización política o a los órganos de gobierno de un país, se escribe con la inicial en mayúscula, pero si es equivalente a ‘situación’, como en este caso, se escribe con minúscula. Por lo tanto, lo adecuado sería escribir estado de alarma.

Además, cabe destacar que en la Constitución española están contemplados el estado de alarma, estado de excepción y estado de sitio, pero no el estado de alerta, como se puede ver en los medios de comunicación, cuyo uso no sería adecuado.

 

Infección, no infectación

El sustantivo correspondiente al verbo infectar, cuyo significado es la invasión de un ser vivo por un microorganismo patógeno, como un virus o una bacteria, sería infección y no infectación. Se produce aquí un cruce con la palabra infestación, que se refiere a una invasión en forma de plaga de muchos individuos de la misma especie.

 

Muerte por coronavirus y muerte con coronavirus

Estas dos expresiones tienen significados diferentes, por lo que no pueden usarlas como sinónimas. Mientras que muerte por coronavirus alude al fallecimiento causado directamente por el virus SARS-CoV-2, la muerte con coronavirus se refiere a las personas que, estando infectadas por el virus, fallecen sin que se pueda determinar si el virus es el causante directo de dicho fallecimiento.


Nombre de la enfermedad

SARS-CoV-2 es la identificación dada oficialmente por el Comité Internacional para la Taxonomía de los Virus para referirse al virus causante de la enfermedad que afecta actualmente a todo el mundo. En textos generales se está empleando el sustantivo coronavirus para referirse específicamente al SARS-CoV-2. Esto no es incorrecto, pero no es del todo preciso, puesto que coronavirus es un término común referido a cualquier virus Coronaviridae o del género Coronavirus.

Según el Diccionario de términos médicos de la Real Academia Nacional de Medicina, el sustantivo coronavirus se escribe en una sola palabra, en minúscula y sin guion ni espacio intermedios. El plural es invariable: los coronavirus.

Según ha establecido la Organización Mundial de la Salud, la grafía recomendada para el nombre de la enfermedad es COVID-19, es decir, con mayúsculas y guion antes de los dos dígitos. En caso de lexicalizar esta denominación pasándola a minúsculas, se podría escribir también covid-19, sin mayúscula inicial, porque es un nombre de enfermedad común. También se puede utilizar enfermedad por coronavirus o neumonía por coronavirus.

Por otro lado, aunque está permitido el uso del masculino (el COVID-19), ya que el componente principal del acrónimo puede no quedar claro, es preferible el uso del femenino (la COVID-19), porque se entiende que el referente principal es el sustantivo enfermedad.

Es importante señalar que la Organización Mundial de la Salud decidió bautizar a la enfermedad como COVID-19 siguiendo las pautas de un documento de buenas prácticas sobre la elección de nombres de nuevas enfermedades, según el cual se trata de «evitar ofender a ningún grupo cultural, social, nacional, regional, profesional o étnico». Se intentó poner freno al uso de otros nombres informales que se estaban extendiendo, como fiebre de Wuhán, neumonía china, etc.

 

Paciente cero

El uso de esta expresión, traducida del inglés patient zero, es muy común en español, sin embargo, según el Diccionario de términos médicos de la Real Academia de Medicina, es preferible el uso de caso índice, caso primario o caso inicial para referirse al ‘primer caso descrito de una enfermedad, por lo general infecciosa, dentro de una población, que impulsa su investigación y, con cierta frecuencia, representa la fuente o la vía de transmisión de la misma’.

 

Pico de la curva

Según el Diccionario de la lengua española, además de ‘línea curvada’, curva se refiere también a la ‘línea que representa gráficamente la magnitud de un fenómeno según los valores que va tomando una de sus variables’. En la primera acepción no tendría sentido hablar de picos, pero en el segundo sí, para referirse al punto más alto de una gráfica.

 

Resiliencia, no resilencia

El Diccionario de la lengua española define el sustantivo resiliencia como ‘capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos’ o ‘capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido’. Resilencia no está recogido en el diccionario.

 

Tasa de mortalidad y tasa de letalidad

La principal diferencia entre ambas es que la tasa de mortalidad tiene en cuenta a la población total, y la tasa de letalidad solo toma como referencia a las personas afectadas por una determinada enfermedad. En el ejemplo «Madrid tiene una tasa de mortalidad del coronavirus del 7 %» no se pretende decir que han muerto el siete por cierto de los madrileños, si no que ha fallecido el siete por cierto de los madrileños con la COVID-19. Lo correcto, por tanto, hubiera sido escribir «Madrid tiene una tasa de letalidad del coronavirus del 7 %».

 

El test y los test

Según las normas generales, las palabras terminadas en más de una consonante forman su plural añadiendo una ese. Sin embargo, para los hispanohablantes, pronunciar tres consonantes seguidas supone una dificultad, por lo que se prefiere mantener invariable el plural y, por tanto, se diría los test.

Aunque el sustantivo test está recogido en los principales diccionarios del español, recordemos que existen alternativas como, examen, cuestionario, análisis, control o prueba.

 

Teletrabajo

Debido a la actual situación son muchas las personas que se han visto obligadas a realizar un trabajo ‘desde un lugar fuera de la empresa utilizando las redes de telecomunicación para cumplir con las cargas laborales asignadas’. Esto es lo que se conoce como teletrabajo, escrito sin guion, todo junto y en minúscula. Las mismas normas se aplican al verbo teletrabajar y al sustantivo teletrabajador.

 

Vacuna contra la COVID-19

En el lenguaje médico se habla de vacunas contra enfermedades y de vacunas contra virus. La OMS bautizó la enfermedad como COVID-19, por lo que lo apropiado sería hablar de la vacuna contra la COVID-19 y no de vacuna contra el coronavirus, que no sería del todo preciso, ya que, como se ha explicado anteriormente, coronavirus es un nombre general. Otra opción sería hablar de la vacuna contra el SARS-CoV-2, que es el nombre específico del virus que causa esta enfermedad.

 

Volver a la nueva normalidad

Esta expresión se está utilizando para referirse a la vuelta a la normalidad, aunque esta normalidad será diferente, no la que conocíamos. Sin ebargo, resulta un tanto extraña, ya que se refiere a volver a un estado novedoso.

Para evitar la pequeña anomalía expresada, sería preferible usar la expresión: volver a una normalidad nueva. El cambio del artículo determinado la por el indeterminado una hace que nos refiramos a esa normalidad que no conocemos de una forma más inespecífica. Por otro lado, al posponer el adjetivo, este adquiere su valor calificativo, ya que al anteponerlo en español tiende a ser interpretado como un epíteto, es decir, como una información consabida (p. ej. la nieve blanca)

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